El Murillo “que salvó la vida de dos hombres”

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Durante décadas se achacó a los canónigos de la Catedral de Sevilla haber regalado el maravilloso lienzo de ‘El nacimiento de la Virgen’ de Murillo al Mariscal Soult, cabeza de las tropas napoleónicas que saquearon Sevilla a principios del siglo XIX. Pero la historia devolvió la honra con el tiempo a aquellos hombres que quisieron proteger el patrimonio de la Magna Hispalense ante la codicia del invasor. Sobre la relación de Murillo con la Catedral y la exposición actual pueden contártelo al detalle los amigos de Conocer Sevilla.

Las tropas napoleónicas llegaron a Sevilla comandadas por el Mariscal Soult, Duque de Dalmacia. Al haber capitulado la ciudad, el mariscal se había comprometido previamente a respetar iglesias y conventos de la ciudad y su patrimonio artístico. Pero antes de entrar en la ciudad, podríamos decir que el militar había hecho los deberes: traía consigo un buen inventario de las joyas pictóricas que poseían las iglesias y conventos hispalenses. Por ello, llegaba a tiro hecho tomando las mejores obras de cada lugar, con una especial fijación con las obras de Murillo. No le tembló el pulso para bajar los cuadros de Murillo del Hospital de la Caridad o para tomar las pinturas de los lunetos de Santa María la Blanca.

Pero hoy queremos ir hasta aquellos días en los que Soult, instalado en el Palacio Arzobispal que había transformado en su residencia, se adentró en las naves de la Catedral para llevarse las mejores obras protegidas bajo sus naves góticas. Soult defendió tras el expolio que los canónigos de la seo, por ejemplo, le habían “regalado” la hermosa pintura de Murillo ‘El nacimiento de la Virgen’, por lo que se consideró casi una traición la actitud de los sacerdotes catedralicios.

Una cena para consumar el expolio

Pero no todo es como lo cuentan los vencedores. El Conde de Toreno, años después, relata cómo fue realmente aquel encuentro entre los canónigos y el Duque de Dalmacia: “Han creído algunos que el cabildo de Sevilla hiciera un presente con aquel cuadro al mariscal Soult, mas se han equivocado, a no ser que diesen ese nombre á un don forzoso. Habían los capitulares ocultado dicho cuadro, recelosos de que se lo arrebatasen, precaución que fue en su daño porque, sabedor el mariscal francés de lo sucedido, mandó reponerle en su sitio y en seguida dio a entender sin disfraz por medio de su mayordomo al tesorero de la iglesia, Don Juan de Pradas, que le quería para sí con otros que especificó y que si se los negaban mandaría á buscarlos. Conferenció el cabildo y resolvió dar de grado lo que de otro modo hubiera tenido que entregar por fuerza”. El mismo Enrique Valdivieso, uno de los mayores expertos en Murillo del mundo, apoya esta tesis de entrega por amenaza de este cuadro al mariscal.

Los autos capitulares recogen que el cabildo catedralicio fue invitado a una cena en casa del comisario regio de José Bonaparte. Allí es donde le cuentan a los canónigos que el mariscal quiere algunos cuadros de la Catedral, y que pasarían a recogerlos al día siguiente, entre ellos ‘El nacimiento de la Virgen’. En aquellos días, hay que recordar que a algunos canónigos se les había apartado de sus cargos y se habían incautado sus bienes. Es entonces cuando la extorsión surte efecto, y la Catedral entrega el cuadro. Soult, siguiendo con el paripé del regalo, hace hasta un escrito a los canónigos agradeciéndoles el presente (esta condición de ‘regalo’ serviría a los franceses una vez acabada la guerra para no aceptar la petición de devolución del cuadro a Sevilla).

La confesión del mariscal

El viajero Richard Ford recoge en uno de sus libros una anécdota terrible sobre el expolio en Sevilla que transcurre en el palacete parisino del Duque de Dalmacia. “El orgulloso Mariscal, un día mostrando al Coronel Gurwood su colección en París, se paró frente a un Murillo y dijo: ‘Yo tengo en mucha estima esta obra, pues salvó las vidas de dos estimables personas. Y un ayudante de campo susurró: ‘les amenazó con disparar en el acto a menos que le entregaran la pintura’”. Esta estrategia de pillaje la apoya también Chateaubriand en otra de sus obras, en la que dice que Soult es “un soldado distinguido que saqueó España combatiendo y con el que dos capuchinos han redimido sus vidas por dos cuadros” (Todo esto lo cuenta Ignacio Cano en su fantástica tesis doctoral sobre el expolio del Mariscal Soult en la ciudad, publicada por la Universidad de Sevilla). Muchos atribuyen estas escenas en referencia a la salida de Sevilla de ‘El nacimiento de la Virgen’, pero no es concluyente. Como tampoco lo es la historia que dice que Soult dijo querer llevarse la gigantesca ‘Visión de San Antonio’ como estrategia para que los canónigos le entregaran como consolación esta otra obra.

Con el paso del tiempo, lo curioso es que las deudas que acechaban a los herederos de Soult les obligaron a vender toda su colección pictórica o entregarla al Estado Francés. En el caso de la obra que nos ocupa, sabemos que su venta satisfizo la mitad de la deuda de los Soult, de ahí que podáis imaginar el valor del cuadro. A día de hoy, se encuentra expuesto en el Museo del Louvre de París.

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