Dos santas de Triana entre nazis

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Hace tan solo unos meses que supimos que dos cuadros de Murillo residentes en París fueron arrebatados por las tropas nazis a una familia poderosa. Tras un siglo y medio viviendo en Francia, los abusos de los soldados de Hitler se los arrebataron a una de las familias judías más poderosas de Europa. Esta es su aventura.

Muchos de los que acudieron a la Fundación Focus en el Hospital de los Venerables el pasado año para ver la maravillosa exposición  de Murillo y Velázquez se encontraron allí con las representaciones de ambos pintores de las santas más sevillanas: las alfareras trianeras Justa y Rufina. Las dos representaciones de Murillo (de alrededor de 1665), iconografía hermosa y dulce de las dos mártires, fueron contempladas por la ciudad y por gran número de turistas junto a la ‘Sagrada Familia del Pajarito’ del Prado, los autorretratos de ambos pintores y, entre otros, el magnífico ‘San Pedro Penitente’ del que puedes conocer todos los detalles en la visita de Engranajes Culturales.

Precisamente con motivo de esta exposición, fue cuando se expuso la alucinante historia de estos cuadros sacada a la luz por la conservadora del Meadows Museum de Dallas (Texas). Allí residen actualmente ambas santas que Murillo pintó, probablemente para un devoto pudiente de Sevilla.

Dos fotos en blanco y negro

Todo comenzó en 2006, cuando realizando una investigación sobre los Monuments Men –cuerpo especial de los aliados encargado de recuperar las obras de arte expoliadas y escondidas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial-, el investigador Robert Edsel se encontró con dos fotografías en las que se podían situar los dos cuadros que estaban en Dallas en dos lugares diferentes de Alemania.

El cuadro de ‘Santa Justa’ aparecía sobre un caballete en una de las fotos en el interior de un monasterio cartujo abandonado en la localidad bávara de Buxheim. Pero la ‘Santa Rufina’ no estaba con ella, sino en otra foto correspondiente a algún edificio de Múnich, a donde había llegado desde las austríacas minas de sal de Altaussee. Este fue el escondite favorito de Hitler para las obras de arte que arrebataba a los judíos europeos y a las colecciones y museos, donde llegó a almacenar hasta 7.000 obras. Allí, compartía humedad y oscuridad con las obras de los grandes maestros como Leonardo da Vinci.

Su dueño antes de Hitler

Pero, ¿a quién se las había arrebatado Hitler? Antes de la investigación de la conservadora Nicole Aztbach –publicada en Ars Magazine-, solo se sabía cómo habían llegado las obras al museo tejano. Desde la Galería Heim de París –donde las habían considerado copias y solo querían los marcos- llegaron a través de su venta a una de Nueva York, y allí fue el magnate petrolero Algur H. Meadows, amante del arte español, el que las compró para su colección, que posteriormente donaría al museo de Dallas.

Antes de eso solo tenían como punto de partida las fotos encontradas. A partir de ellas empezaron a bucear en los archivos y los papeles de los Monuments Men, hasta que vieron que en la trasera de ambos lienzos había una R y dos números de serie. La R en el registro del expolio de los nazis se correspondía con la poderosa familia judía de banqueros Rothschild, en concreto a una descendiente residente en París en el momento de la invasión, la baronesa Antoinette Leonino.

Se presupone que los cuadros estaban en distintos lugares cuando los Monuments Men los encontraron porque ‘Santa Justa’ estaba en peor estado y no le vendría bien estar en la mina de sal. De todas formas, ambas fueron recuperadas y devueltas a su legítima dueña en 1946, una vez terminada la guerra.

¿Y cómo llegaron a París?

Antes de pertenecer a la familia de banqueros, llegó a París de una manera relativamente sencilla. En este caso no fue por el expolio del Mariscal Soult, sino por el traslado de los cuadros probablemente por el anticuario José Domingo de Irureta Goyena, que vivía entre Sevilla y París. Allí, los vendería a alguna familia o directamente a los Rothschild.

Aunque ya no estén en Sevilla, por suerte estos cuadros están a salvo y bien cuidados en la pinacoteca de Dallas, que nos las cedió el año pasado para poder contemplarlas a un palmo de distancia en un edificio que tiene una estrecha relación con Murillo. Para conocer más sobre la Sevilla que transitó Murillo, pueden contártela muy bien nuestros expertos.

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