La historia no escrita de Murillo

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Mucho es lo que se está desvelando de Murillo con el cuarto centenario de su nacimiento que celebramos este año. Los historiadores y estudiosos están sacando a la luz los aspectos más desconocidos de la vida del pintor, pero aún hay muchas sombras en las que la luz no se encuentra por ninguna parte. Lo transmitido por la tradición oral y la leyenda se mezclan para dar respuesta a esas incógnitas de las que aún no tenemos documentos para conocer la verdad absoluta.

El nombre artístico meditado

Como nos cuentan durante la ruta de Tolarte ‘Derribando el Murillo escondido’, el nombre de Murillo es en sí una curiosidad en sí misma. Su nombre completo con el que aparece en las firmas de los documentos es Bartolomé Esteban Murillo, pero al revés de lo que muchos piensan, ni Esteban es su segundo nombre -de hecho, es su primer apellido- ni Murillo es el segundo apellido, heredado de su madre. Su padre se llamaba Gaspar Esteban y era un cirujano y barbero que traía una buena cantidad de dinero a casa, y su madre se llamaba María Pérez. Cuando el pintor decide comenzar su carrera artística, quizá el Pérez le pareció demasiado común para granjearse una fama que no dudaba que había de venir. Por ello no solo rechaza el segundo apellido de su padre, sino que elige como apellido ‘artístico’ el segundo de su madre, el que correspondería a la herencia de su abuela materna y que, efectivamente, era Murillo.

La Virgen legendaria

Si hay un cuadro de los de la obra del pintor que haya generado leyendas y curiosidades ese es ‘La Virgen de la Servilleta’. Este cuadro de forma cuadrada que integraba el retablo de los Capuchinos de Sevilla bajo ‘El jubileo de la Porciúncula’ y ‘La Santa Faz’, ha sido recientemente restaurado y se exhibe en toda su gloria en la exposición extraordinaria del Museo de Bellas Artes.

En Sevilla, no hay madre o abuela que, al llevarnos de niños al museo a ver los cuadros de la pinacoteca hispalense, no nos haya puesto a prueba diciéndonos que nos pongamos donde nos pongamos, tanto la Virgen como el Niño pintados en esta obra siempre nos miran. De pequeños sentíamos la fascinación de que el cuadro estaba vivo y que, por una extraña casualidad, ambos personajes parece que nos persiguen con los ojos.

Pero también hay una curiosidad en su propia denominación. Este nombre común de ‘La Virgen de la Servilleta’ viene de la leyenda de que, cuando se encontraba Murillo comiendo con los Capuchinos mientras trabajaba en las pinturas de la iglesia -recordemos que durante ese tiempo Murillo se trasladó a vivir al propio convento-, uno de los frailes le pidió que le pintara una imagen de la virgen para tenerla en su celda. Dice la leyenda que entonces el pintor tomó una servilleta que había en la mesa y la pintó sobre ella, dando lugar a este cuadro. Otra leyenda dice que los frailes echaron en falta una mañana una servilleta al recoger la mesa, y que días después Murillo la devolvió con una virgen pintada. Desgraciadamente, ambas leyendas con falsas, ya que la obra está pintada sobre un lienzo y no sobre otro tipo de tela.

¿Murillo en América?

En el Archivo de Protocolos nos encontramos con un documento que, efectivamente, dice que Murillo se presentó cuando solo era un adolescente en la Casa de Contratación. ¿Su intención? Viajar a ese Nuevo Mundo al que veía partir barcos desde el puerto de Sevilla. La verdad que conocemos es que, ciertamente, Murillo fue a inscribirse para realizar un viaje a América.

Sabemos de la intención del pintor de cruzar el océano, quizá movido por las historias de la aventura americana, y de hecho consta que iba a hacerlo con algunos de sus familiares. Pero lo que no sabemos es si realmente llegó a montarse en el barco, en un tiempo en el que contaba con 16 años. Lo más probable es que nunca montara en la nave, ya que analizando el resto de documentos, tendría que haber sido una travesía fugaz para poder estar de vuelta en Sevilla para cuando los documentos lo sitúan allí. Años después, lo que sía sabemos es que algunos de sus familiares e incluso alguno de sus hijos sí que se lanzaron a la empresa americana.

El conflicto de la Academia de Pintura

Una de las grandes aportaciones de Murillo al tejido de la ciudad fue la fundación de la Academia de Pintura, llamada entonces la ‘Escuela de las Tres Nobles Artes’, y en la que colaboraron Herrera el Joven y Valdés Leal. Su primera sede tras su fundación en 1660 fue la planta alta de la Casa Lonja, hoy Archivo de Indias. Y, como nos cuentan en la aplicación de historia Sevilla Flash, este es el antecedente más remoto de lo que hoy es la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla. La academia sirvió para aunar en un mismo lugar todas las tendencias artísticas de la ciudad y para conseguir el apoyo de los aristócratas a los artistas a través del mecenazgo.

El caso es que todo iba bien en la academia con Murillo como presidente de la misma hasta que en un momento determinado la paz salta por los aires. ¿A qué se debió? Muchos le echan la culpa a Valdés Leal, pintor que se disputaba en la época la soberanía pictórica en la ciudad, y a los que en no pocos escritos se le achaca un mal humor considerable y mucho carácter. Aunque habrá parte de verdad en que Valdés Leal pecaba de soberbio, algunos estudios apuntan a que quizá Murillo no era tan santo y bondadoso como nos lo vendieron.

El propio Benito Navarrete, en su último libro ‘Murillo y las metáforas de la imagen’, nos dice que Murillo gestionaba su fama y su imagen pública -hablaríamos hoy de márketing o marca-, y por ello se ocupó muy bien de hacerse ver como un hombre piadoso, humilde y virtuoso. Navarrete apunta a que poco o nada tenía que ver esta imagen proyectada con lo que fue en realidad. Además, Valdés Leal tenía un poderoso motivo para enfrentarse a Murillo en la Academia: el presidente gozaba de privilegios a la hora de la recepción de los encargos que provenían de fuera, por lo que le achacaba que se quedaba con los mejores cuando hacía de filtro hacia las plantas más bajas de la pirámide. Una excusa que sumada a dos caracteres fuertes y a las dificultades para sobrevivir en una Sevilla en crisis económica, social y demográfica, hicieron estallar el conflicto.

@MiguelPerezM

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